Día de la Memoria: Jorge Rafael Videla murió sentado en un inodoro tras un malestar gástrico
En el Día de la Memoria, recordamos que el máximo responsable de la dictadura murió a los 87 años en una cárcel común tras ser atendido por diarrea aguda.
Al conmemorarse un nuevo Día de la Memoria, la figura de Jorge Rafael Videla vuelve a emerger, no solo por ser el principal arquitecto del terrorismo de Estado en Argentina, sino también por las miserables condiciones en las que transcurrieron sus últimos días.
El dictador, que encabezó el golpe cívico-militar de 1976, falleció a los 87 años el 17 de mayo de 2013, cumpliendo condena a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad.
El final del ex militar, responsable de la desaparición, tortura y asesinato de miles de ciudadanos, estuvo marcado por la soledad, el deterioro físico y un hallazgo que contrastó fuertemente con el poder absoluto que supo ostentar.
El insólito hallazgo en el penal de Marcos Paz
Videla pasó sus últimos días alojado en el Módulo 4 del Complejo Penitenciario Federal II de Marcos Paz, una cárcel común de máxima seguridad. Según los registros oficiales y el parte médico firmado por las autoridades penitenciarias, el ex presidente de facto venía arrastrando complicaciones de salud.
El documento médico de la prisión detalló que el día anterior a su muerte, Videla había sido evaluado por presentar “un cuadro de diarrea aguda”, lo que motivó la realización de análisis clínicos de guardia.
A la mañana siguiente, a las 8:25 horas, el personal penitenciario hizo el macabro descubrimiento. El informe oficial dejó asentado textualmente que al interno “se lo encuentra sentado en el baño de su celda sentado en el inodoro inconsciente, sin pulso ni reacción pupilar”. La autopsia posterior confirmó que la causa del deceso fue un paro cardiorrespiratorio, derivado de múltiples hemorragias internas y fracturas provocadas por una caída previa en la prisión.
Las escalofriantes confesiones antes de morir
Poco antes de su fallecimiento, Videla rompió el silencio que había mantenido durante décadas. Entre 2011 y 2012, concedió una serie de entrevistas exclusivas en su celda al periodista y escritor Ceferino Reato, material que luego dio forma al libro biográfico “Disposición Final”.
En esos encuentros, el anciano dictador se mostró lúcido, sin ningún tipo de remordimiento y asumiendo plenamente su rol como “comandante en jefe de una guerra victoriosa”. Según relató Reato, Videla admitió por primera vez y con una frialdad estremecedora la existencia de un plan sistemático de exterminio.
“Pongamos que eran siete mil y ocho mil las personas que debían morir para ganar la guerra contra la subversión; no podíamos fusilarlas. Tampoco podíamos llevarlas ante la justicia“, le confesó Videla a su biógrafo, justificando el horror institucionalizado.
Además, el represor explicó el perverso razonamiento detrás de la figura del “desaparecido”, una de las marcas más dolorosas de la dictadura argentina: “Para no generar protestas dentro y fuera del país, sobre la marcha se llegó a la decisión de que esa gente desapareciera; cada desaparición puede ser entendida ciertamente como el enmascaramiento, el disimulo, de una muerte”.
Hasta el último de sus días, sentado en la soledad de su celda, el principal artífice del genocidio argentino se mantuvo congelado en el tiempo, convencido de que su accionar sanguinario había sido necesario para “disciplinar una sociedad anarquizada”.

