Las esquirlas del crimen de Rosana Galliano persisten: “Los hijos no reconocen lo que hizo el padre”

esquirlas

Eran las 22.50 del 16 de enero de 2008 cuando sonó el teléfono celular de Rosana Galiano. En aquel momento, la joven que entonces tenía 29 años, estaba esperando que su exmarido, José Arce, le llevara a sus hijos mientras cenaba con su hermana en su casa de El Remanso, en Exaltación de la Cruz.

Del otro lado de la línea, su marido llegó a decirle que estaba demorado pero, como la señal no era buena, ella salió al jardín para escucharlo mejor. Unos segundos después, el estruendo ensordecedor de una ráfaga de detonaciones anticipó la tragedia y fue el inicio de un largo camino en busca de Justicia.

A punto de cumplirse el aniversario número 16 del crimen, ya no existen dudas sobre lo que pasó esa noche. Se probó en el juicio que Arce retrasó deliberadamente el retorno con sus hijos como parte de un plan cuyo último acto fue la llamada que sirvió para convertir a Rosana -la mujer con la cual se encontraba en pleno proceso de divorcio- en el blanco de un sicario.

Cuando la víctima salió al jardín el asesino la estaba esperando escondido entre los árboles. Disparó seis veces con un arma calibre 11.25. Dos de esos tiros fallaron, los otros cuatro impactaron en el cuerpo de Rosana que perdió la vida en el acto y quedó allí tirada a solo unos pasos de distancia de su casa y de su hermana, que jamás pudo olvidar ni un solo detalle de todo lo que pasó esa noche. Rosana se desangró a sus pies.

“Cada aniversario nos lleva a ese mismo momento trágico”, dice Mónica Galliano, hermana de la víctima.

Oscar Galliano, el otro hermano de Rosana, remarcó: “A 14 años todavía no sé si hice el duelo”. Señaló que desde ese fatídico miércoles “todos los días son iguales” para él. “Me levanto y me acuesto pensando en mi hermana”, subrayó.

Un pedido de divorcio, cuatro tiros y un juicio que tardó seis años

“Psicológicamente la mató primero, mi hija tenía la mente bloqueada en el último tiempo”, aseguró el papá de Rosana, Reinaldo Galliano, que también fue uno de los testigos más relevantes del juicio que se llevó a cabo por el crimen de su hija.

De acuerdo a su relato, después del casamiento su yerno “se sacó la capa de cordero, le quedó la de diablo y empezó el calvario para Rosana”.

Rosana recibió cuatro balazos y murió en el acto. Nunca identificaron al autor material del crimen.
Rosana recibió cuatro balazos y murió en el acto. Nunca identificaron al autor material del crimen.

Desde el primer momento, para los Galliano fue Arce quien encargó el homicidio de su mujer con dinero que le había aportado su madre, Elsa Aguilar. El viudo, en cambio, no se cansaba de sostener su inocencia delante de cuanto micrófono le pusieran delante e incluso deslizó que en lugar de investigarlo a él tendrían que poner el foco sobre los supuestos amantes de ella. “Yo la amé, la adoré. Mi único pecado fue cuidarla”, repetía.

El juicio demoró casi seis años hasta llegar a una sentencia. A principios de noviembre de 2013, el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) Nº 1, integrado por Daniel Rópolo, Elena Bárcena y Raquel Slotolow, leyó el veredicto en un edificio ubicado en Del Pino 817, Campana. “Este caso fue la crónica de una muerte anunciada, como suelen ser lamentablemente todos los casos de violencia de género”, dijeron los jueces. “El ataque tuvo ribetes de crimen organizado, por la forma en que se planificó y se cometió”, agregaron.

En definitiva, el tribunal consideró que, además del motivo personal, había intereses económicos detrás, “al tener que compartir el imputado con la víctima la división de bienes gananciales”. Los jueces condenaron a Arce y a su madre a prisión perpetua por “homicidio triplemente calificado por el vínculo, por alevosía y por haberse cometido con el concurso premeditado de dos o más personas”.

En tanto, absolvieron por falta de pruebas a los hermanos Paulo y Gabriel Leguizamón, de 35 y 41 años, respectivamente, que al inicio del caso habían sido señalados como los autores materiales del homicidio. Para la justicia, ellos no fueron los asesinos de Rosana, aunque hasta ahora nunca lograron saber quién fue entonces el que le disparó.

La pelea por los hijos

Tras las condenas y por motivos que aún hoy resultan inentendibles, la Justicia consideró que los hijos de la mujer asesinada, que entonces tenían 3 y 4 años, tenían que vivir en la misma casa donde ocurrió el crimen con su papá y con su abuela, ambos con prisión domiciliaria.

La familia de la víctima peleó durante casi una década por la custodia de Gerónimo y Nehuén. No obstante, no la consiguieron hasta que Arce murió en 2018. Entonces, uno de los hijos pasó a vivir con un tío materno y el otro con su abuela Elsa, hasta su muerte en 2019.

Ya era tarde sin embargo para intentar reconstruir el vínculo familiar de esos chicos con los Galliano, que primero destrozó la muerte violenta de su mamá y después el Estado, al dejarlos a cargo de los responsables del homicidio.

El mayor ya terminó el colegio secundario y se fue a vivir solo a un departamento que alquiló en Pilar. Su hermano menor vive actualmente con Mónica, su tía materna, a quien le dieron la custodia.

Los chicos no reconocen lo que hizo el padre”, se lamentó en la entrevista Oscar Galliano. Y añadió: “Yo luché tanto por esos chicos, peleé para que mis padres tuvieran un motivo para levantarse cada mañana y sigan viviendo”. Entonces se le quiebra la voz, y se queda un momento en silencio.

Los hijos de la víctima vivieron con Arce hasta que murió, en 2018.
Los hijos de la víctima vivieron con Arce hasta que murió, en 2018.

Mónica, su hermana, señaló por su parte: “Los dos dijeron que sea lo que sea el padre, era quien los había cuidado y el que no les hizo faltar nada”. Es triste, y más injusto todavía. Pero casi no recuerdan a su mamá. “Apenas recuerdan los dibujitos que miraban con ella, o alguna canción”, apuntó.

“Violentos como el padre”

Con una mezcla de bronca y angustia, Oscar reconoce que dejó de tener relación con su sobrino mayor hace tres años. Pero si bien con él tenían un vínculo tirante, quien lo preocupa de verdad es el menor de los hijos de Rosana, que actualmente vive con su otra hermana.

Oscar tardó 4 meses en recuperarse tras la agresión de su sobrino. (Foto: gentileza Oscar Galliano).
Oscar tardó 4 meses en recuperarse tras la agresión de su sobrino

“En agosto del año pasado fui a la casa de Mónica porque necesitaba unos papeles”, contó. Al principio dudó en entrar cuando su hermana lo invitó a pasar, para evitar una posible situación incómoda con Nehuén. Sin embargo, terminó accediendo y un rato después se despertó en un hospital.

“Yo le puse la mejilla para saludarlo con un beso”, indica Oscar sobre lo último que recuerda de ese encuentro. La reacción del adolescente lo tomó completamente por sorpresa: “Me destrozó la cara con un fierrito”. “Tardé cuatro meses en recuperarme, casi pierdo el ojo”, destacó.

“Es mucho tiempo, y a la vez es nada”

Durante el juicio, contó Oscar, se enteraron recién que Rosana se había casado con José Arce amenazada. Tal era la violencia que ejercía sobre ella, la misma con la que siguió torturándola una vez que ella decidió ponerle un punto final a ese matrimonio y empezó una relación con otro hombre.

“Hablé con ella el martes, un día antes de que la mataran”, recordó su hermano. Según contó, planeaban en aquel momento poner una fábrica de jeans junto con Rosana y su nueva pareja. “Teníamos mucho entusiasmo por el futuro”, expresó.

No obstante, ni las 10 denuncias previas que había presentado la víctima en contra de Arce sirvieron para frenar el fatal desenlace y todos sus planes así, de un día para el otro, se desdibujaron.

Tanto Oscar como Mónica coinciden al describir a Rosana como un ángel, un ser dulce que vivía y se desvivía por sus hijos. Pasaron 14 años desde la noche que la asesinaron, pero la herida sigue en carne viva. “Es mucho tiempo y a la vez es nada”, remarcó Oscar, tras lo cual reflexionó: “Hace 14 años que no la tengo, que no la puedo abrazar”.

Su hermana mayor, Mónica, concluyó: “Yo estoy en paz. Hice todo lo que tenía que hacer como hermana en vida. Y hoy hago por sus hijos lo que haría ella si estuviera: amarlos y protegerlos”.