Decía ser la encarnación de Jesús y Buda y provocó la masacre religiosa más recordada del siglo XX

jim jones

 

Su forma de hablar, su elocuencia, atraía a multitudes. Pudo ser cualquier cosa que se propusiese y fue predicador. James Warren “Jim” Jones provenía de una familia pobre pero logró graduarse en la escuela secundaria Richmond High School, en el estado de Indiana.

Había nacido en 1931 y se convirtió muy joven en predicador, en la década de 1950. La elección tenía que ver con Myrtle Kennedy, la esposa del pastor de la Iglesia Nazarena local, que desarrolló un apego especial por Jones y le regaló su primera Biblia.

Jim Jones y el Templo de los Pueblos

Intentó estudiar medicina sin éxito y en 1961 logró el título de profesor secundario en la Universidad de Butler. Se dedicó a vender monos mascota de puerta en puerta para recaudar dinero para financiar su propia iglesia, que se llamaría Wings of Deliverance, que después renombró como Templo de los Pueblos, establecida en Indianápolis.

Este grupo tenía una característica distinta para su época, que lo hacía excepcional, y era su trato igualitario con los afroamericanos; muchos de ellos se convirtieron en miembros de la iglesia.

Comenzó así una lucha por la igualdad racial y la justicia social, a la que Jones denominó “socialismo apostólico”. Escribió incluso un folleto llamado “La letra mata”, señalando lo que él sentía que eran las contradicciones, los absurdos y las atrocidades de la Biblia, pero el folleto también decía que la Biblia contenía grandes verdades.

 

Jim Jones en Estados Unidos, antes de mudar su congregación a Guyana (Imagen wikimedia commons)
Jim Jones en Estados Unidos, antes de mudar su congregación a Guyana

Lo que se presentó como un estudio profundo de las Sagradas Escrituras terminó siendo un compendio bastante ridículo de ocurrencias de Jones, como las que se emiten en un bar tras varios tragos. Afirmó ser una encarnación de Jesús, del egipcio Akhenaton, de Buda, de Lenin y del Padre Divino, y realizó curaciones milagrosas para atraer nuevos miembros. No habìa encarnación alguna y sus milagros eran chapucerías, fraudes e inventos.

Muchas veces, los seguidores creen lo que tienen deseos de creer y Jones tenía una personalidad carismática capaz de mostrar lo que algunos querían ver. Comenzaron a llamarlo “Padre” y creían que su “Templo” era la solución a los problemas de la sociedad, aunque mejor dicho que el propio predicador era la solución a todos los inconvenientes de la vida.

La mudanza del Templo de los Pueblos a Guyana

En el verano de 1977, Jones y los casi mil miembros del Templo de los Pueblos se mudaron a Guyana desde la ciudad de San Francisco. Se establecieron en la llamada Región del Esequibo (por el nombre de un rìo), cercana a Venezuela y que este país reclama como propia. Lo hicieron cuando las autoridades estadounidenses comenzaron una investigación sobre la iglesia por evasión de impuestos.

Muchos de sus seguidores no tenían idea de esta defraudación sino que siguieron a su líder porque de verdad creían en él. Ya en Guyana, construyó un asentamiento cerrado al que llamó Jonestown, en su propio honor. No era vanidad lo que le faltaba, por el contrario se creía con poderes sobrados para crear una civilización distinta a todas las conocidas. Haría realidad su utopía agrícola en la selva, libre de racismo y basada en principios comunistas.

Muchos de los miembros del Templo de los Pueblos creían que Guyana sería, como Jones les prometió, un paraíso terrenal, o, mejor dicho, un paraìso, pues nunca fue muy específico acerca de dónde estaba el paraíso. Podía ser en este planeta o podía ser en otro lado, en otra dimensión, en otro estado de la materia.

Jonestown, un proyecto “agrícola”

En fin, lo cierto, decía, era que el paraíso comenzaba en Jonestown. Este no era un lugar de veraneo ni de ocio; si alguno pensó que retozarìa en la hierba estaba muy equivocado. La mayoría de los residentes, incluidos los niños, debían dedicarse a la agricultura y a la crianza de animales para el “Proyecto agrícola del Templo de los Pueblos”.

El trabajo era muy duro y debía realizarse durante seis días de la semana, desde las siete de la mañana hasta las seis de la tarde, con temperaturas que a menudo superaban los 38 grados centígrados. Jones, mientras, seguía con la piel de sus manos impecables, es decir jamás se puso a trabajar más que para hacerse una taza de té, y de vez en cuando.

El tipo se daba la gran vida. Según algunos de sus miembros, que abandonaron el lugar antes del apocalipsis, las comidas para los fieles consistían en nada más que arroz y porotos mientras Jones cenaba huevos, carnes y bebidas frías de un refrigerador privado.

Una imagen aérea de los cadavares de las víctimas de la verdadera "noche blanca" (imagen Clarín).
Una imagen aérea de los cadavares de las víctimas de la verdadera «noche blanca»

En 1978, la mitad de los miembros de la comunidad tuvieron fiebre alta y diarrea. Les dieron, según informó el periódico New York Times, medicamentos como Thorazine, que se utuliza en psiquiatría para casos de esquizofrenia, trastornos psicóticos, fase maníaca del trastorno bipolar, también para reducir el comportamiento agresivo, disminuir las alucinaciones, controlar las náuseas y los vómitos y hasta aliviar el hipo.

Además les proporcionaban pentatol sódico, un anestésico general; hidrato de cloral, un sedante para el tratramiento del insominio y para aliviar la ansiedad; demerol, que es un analgésico para aliviar dolores en pacientes con cáncer; y Valium, un tranquilizante, relajante muscular y anticonvulsivo. Se llevaba un registro minucioso de las dosis que recibía cada integrante del Templo de los Pueblos.

Nunca se informaron las causas de aquella fiebre alta y diarrea ni tampoco la relación de aquellos síntomas con los medicamentos que les suministraron. Los residentes de Jonestown afirmaban (en voz baja) que aquellas drogas eran para controlar su comportamiento.

Obediencia a toda costa en Jonestown

Los psicofármacos no eran los únicos para lograr aquél propósito. Los líderes echaban mano de diversas formas de castigo contra los miembros considerados con problemas disciplinarios graves. Los métodos incluían el encarcelamiento en una caja de madera contrachapada de 1,8 x 1,2 x 0,9 metros u obligar a los chicos a pasar la noche en el fondo de un pozo. Aquellos que intentaron escapar fueron atrapados y drogados hasta el punto de incapacitarlos. Guardias armados patrullaban el recinto día y noche para imponer obediencia a toda costa.

Los chicos se dirigían a Jones como “papá”. Estaban al “cuidado comunal” y por tal motivo sólo se les permitía ver a sus verdaderos padres brevemente por la noche. Jones también fue llamado “Padre” o “Papá” por los adultos. Como “padre” se apropiaba de hasta 65.000 dólares en pagos mensuales de asistencia social correpondientes a los residentes de Jonestown. El Templo estaba lleno de ladrones. La riqueza de Jones se estimó, a causas de estos robos y estafas, en al menos 26 millones de dólares.

Los guyaneses locales, incluido un oficial de policía, relataron historias sobre duras palizas y un “agujero de tortura”, que era un pozo al que Jones tiraba, en medio de la noche, a niños “que se portaban mal”. “El Padre” tenía a sus hijos aterrorizados. Antes de arrojarlos al pozo les decía que en el fondo había un monstruo y de verdad había “monstruos”, que eran los secuaces de Jones que tiraban de las piernas de los chicos mientras descendían al pozo. Para los pequeños era un terror profundo e indescriptible.

Las noches blancas de Jonestown y las primeras sospechas

En Jonestown había suicidios masivos pero de mentira, es decir eran ensayos para el gran día del sacrificio verdadero. Nunca se sabía cuál de los simulacros de suicidio sería el verdadero. A estos ensayos los llamaban “noches blancas”. En una declaración jurada, la desertora del Templo de los Pueblos, Deborah Layton, contó cómo eran.

“A todos, incluidas las criaturas, se les decía que hicieran fila. Cuando pasábamos por la línea, nos daban un vaso pequeño de líquido rojo que debíamos beber. Nos decían que el líquido contenía veneno y que moriríamos en 45 minutos. Todos hacíamos lo que nos decían. Cuando pasaban los 45 minutos y ninguno caía a tierra fulminado entonces, antes de que el desconcierto sea generalizado, el reverendo Jones explicaba que el veneno no era real y que acabábamos de pasar por una prueba de lealtad. Nos advertía que no estaba lejos el momento en que sería necesario que muriéramos por nuestras propias manos”.

El martes 14 de noviembre de 1978, el congresista Leo Ryan, de 53 años, un demócrata de San Francisco, en su papel de presidente de un subcomité del Congreso con jurisdicción sobre los ciudadanos estadounidenses que vivían en países extranjeros, voló a Guyana, junto con un equipo de 18 personas, compuesto por funcionarios del gobierno de los Estados Unidos, periodistas y miembros del grupo denominado “Parientes preocupados de los miembros del Templo de los Pueblos”.

Una imagen aérea de los cadavares de las víctimas de la verdadera "noche blanca" (imagen Clarín).
Una imagen aérea de los cadavares de las víctimas de la verdadera «noche blanca» 

Ryan iba con la intención de investigar las denuncias de violación de los derechos humanos, que se retenía a personas contra su voluntad, que se confiscaba el dinero y los pasaportes de los fieles, que se realizaban ensayos de suicidios en masa y que siete desertores fueron asesinados al ser descubierto en su huida.

El grupo llegó a la medianoche a Georgetown, la capital de Guyana, antes del miércoles 15. Las habitaciones de hotel previamente reservadas estaban ocupadas y el grupo tuvo que buscar otros alojamientos. Días después, los abogados de Jones en Georgetown, Mark Lane y Charles Garry, impidieron que Ryan pudiese entrar a Jonestown.

Dos días después, Ryan les informó a aquellos abogados que iría de todas maneras a Jonestown y que no le importaba en absoluto lo que pensara o dijera Jones. El grupo partió poco después junto con los letrados de Jones. Aterrizaron en Port Kaituma, a 10 kilómetros de Jonestown. Jones autorizó primero la entrada de Ryan y otros tres acompañantes y ya al atardecer permitió la entrada del resto.

El “Padre” los trató primero con gran consideración. Hubo una recepción y un concierto para la delegación. El líder seleccionó cuidadosamente a los miembros del templo para que acompañaran a los visitantes a recorrer las instalaciones. Algunos fieles estaban enojados con la visita del congresista, pues consideraban que estaba motivada por el odio de aquellos que se habían ido pues jamás entendieron el mensaje de Jones y ahora querían llevarse por la fuerza a sus familiares o amigos que permanecían en la congregación; para ellos era una intromisión injustificada; otros continuaron con sus rutinas habituales como si nada.

La situación cambió cuando dos miembros del Templo, Vernon Gosney y Mónica Bagby, decidieron irse con Ryan. Gosney le pasó una nota al periodista Don Harris, de NBC News, que acompañaba al político. La nota decía: “Por favor, ayúdenos a salir de Jonestown”.

La noche del 17 de noviembre casi toda la delegación de Ryan se quedó en Jonestown. Catorce integrantes de la comunidad también decidieron salir de la congregación pero por su cuenta. Para la madrugada del 18 de noviembre se dirigieron hacia Matthew’s Ridge, en la dirección opuesta a la pista de aterrizaje en Port Kaituma.

Estos desertores incluían a los cinco miembros de la familia Evans y a Leslie Wilson y sus dos hijos, que eran la familia del jefe de seguridad de Jonestown, Joe Wilson. Escaparon a pie. Como si nada ocurriera, más tarde, Marceline, esposa de Jim Jones, hizo un recorrido por el asentamiento para los periodistas visitantes. Hubo una disputa fuera de un pequeño edificio de dormitorios, donde vivían algunas ancianas negras. Las ventanas y puertas estaban cerradas y los leales a Jones acusaron a la prensa de ser racista por querer invadir la privacidad de las ancianas. Los periodistas respondieron que sólo querían conocer en qué condiciones vivìan.

Cuando Jones se despertó el 18 de noviembre y el equipo de NBC le entregó la nota de Vernon Gosney y Mònica Bagsby, el líder se puso furioso. Creía que los que querían abandonar la comunidad mentirían sobre lo que allí ocurría y que Jonestown sería destruída.

La congregación, reiteraba, era una familia que debía permanecer unida. Enseguida, otras dos familias le pidieron a Ryan que las escoltara fuera de Jonestown. Jones tenía los ojos fuera de sus òrbitas y sus hombres trataron de calmarlo diciéndole que apenas un puñado quería desertar de más de 1000 personas que lo seguían con los ojos cerrados. Entonces Jones les dio permiso “a los traidores” a irse de Guyana, con algo de dinero y sus pasaportes y hasta les dijo que serìan bienvenidos si decidìan regresar.

La masacre del aeropuerto

Los abandonos de Jonestown no cesaban. Al Simon, un miembro amerindio del Templo de los Pueblos, caminó hacia Ryan con dos de sus hijos pequeños en brazos y pidió regresar con Ryan a los Estados Unidos, pero su esposa Bonnie fue convocada por los altavoces por el personal de Jones y ella en voz alta denunció su marido.

Tambièn hubo una disputa entre Maria Katsaris (miembro del personal más cercano a Jones) y su hermano Anthony. Él le suplicó que regresara a los Estados Unidos pero ella lo rechazó con insultos. María se quitó el collar de oro, se lo tiró a su hermano y lo maldijo cuando los visitantes y desertores estaban a punto de irse.

Debido a que se estaban yendo más personas de las esperadas, y debido a los asientos limitados disponibles en el pequeño avión Cessna que Ryan había fletado de regreso a Georgetown, el político estadounidense planeó enviar un grupo allí y quedarse con el resto hasta que se pudiera programar otro vuelo.

Jones ordenó a uno de sus leales, un tal Don Sly (que apodaban “Ujara”), que atacara a Ryan. Sly lo apuñaló. El congresista recibió heridas leves. Su grupo más dieciséis exmiembros del Templo dejó Jonestown y llegó a la cercana pista de aterrizaje de Port Kaituma a las cuatro y media de la tarde.

Querìan usar dos aviones (un Cessna para seis pasajeros y un Twin Otter un poco más grande) para volar a Georgetown. Larry Layton, leal a Jones, pidiò unirse al grupo. Era una trampa. Cuando se lo permitieron, Layton disparó a la comitiva e hirió a tres personas.

Un tractor apareció en la pista de aterrizaje conducido por miembros de los guardias armados de Jones (la “Brigada Roja”). El tractor se acercó y los hombres del líder dispararon. El congresista Leo Ryan fue asesinado a tiros junto con dos periodistas y una desertora, Patricia Park. Hubo diez heridos.

Los hombres de Jones se acercaron a Ryan y vaciaron sus cargadores de sus armas en su cara. Unos pocos segundos del tiroteo fueron capturados por la cámara del camarógrafo de NBC Bob Brown, que siguió filmando incluso cuando lo mataron a tiros.

Soldados y civiles guyaneses observaban desde el costado de la pista de aterrizaje mientras ocurrían los asesinatos. Ninguno de ellos intentó intervenir y ninguno de ellos se presentó más tarde para ofrecer testimonio como testigo. Hasta la fecha, ninguno de ellos ha sido identificado. Pasaron varias horas antes de que los heridos y otros sobrevivientes se reunieran y pasaran la noche en un café. Un avión del gobierno de Guyana llegó paras evacuar a los heridos a la mañana siguiente.

La auténtica noche blanca

Jim Jones convocó una reunión urgente cuando caía la noche de ese mismo día. Anunció otra “noche blanca”, el falso suicidio que se había ensayado antes. Pero esta vez, el médico Laurence Schacht, la enfermera Annie Moore y otros mezclaron cianuro y Valium en una bañera de metal llena del refresco Flavor Aid de uva.

Antes de que comenzara la matanza, Jones discutió con dos miembros del Templo que se opusieron a su decisión de que toda la congregación muriera. Una fue Christine Miller, de 60 años, quien sugirió repetidamente llevar a todos los niños a Rusia junto con el propio Jones. Otra disidente habrìa sido la propia esposa de Jones, Marceline.

Jones aseguró a sus seguidores que los mercenarios patrocinados por la CIA o los soldados guyaneses pronto emergerían de la jungla y los masacrarían a todos. Los leales con ballestas y armas de fuego formaron un círculo alrededor del área donde se inyectaba el veneno a los niños con jeringas de plástico o se distribuía en vasos de papel. Cuando las familias se reunían y llegaban al primer lugar de la fila, los chicos eran los primeros en ser envenenados.

Stephen Jones, hijo sobreviviente de Jim Jones, afirmó después que, para muchos, habría sido imposible seguir viviendo después de ver morir a tantos niños. Este había sido, para él, el motivo de la escasa resistencia.

Según el testigo Stanley Clayton, las familias fueron luego escoltadas fuera del lugar y se les dijo que se tiraran juntas al suelo a lo largo de los pasillos y lugares que estaban fuera de la vista de aquellos que aún no habían tomado el veneno, porque cualquiera que viera gente con convulsiones y muriendo no hubiera creído que se trataba de otro ensayo y se hubiera resistido o intentado huir. El veneno fue muy efectivo, causando la muerte en unos cinco minutos a todos los que lo bebieron.

Los que se salvaron de la masacre

Cuatro personas, que estaban destinadas a ser envenenadas, decidieron no cooperar y sobrevivieron. Eran Hyacinth Thrash, de 76 años, que se escondió debajo de su cama cuando las enfermeras recorrían su dormitorio con tazas de veneno; Odell Rhodes, de 36 años, maestro y artesano de Jonestown que también se escondió; Stanley Clayton, de 25 años, que hizo lo mismo; y Grover Davis, de 79 años, que se acostó en una zanja y fingió estar muerto.

Jones salvó a cinco personas: a sus dos abogados, Charles Garry y Mark Lane, a Mike Carter y su hermano Tim y a Mike Prokes. A estos últimos les entregó equipaje, 550.000 dólares, documentos y les pidió que lo entregaran en la embajada soviética de Guyana.

Jim Jones, una vez que asesinó a casi toda su congregación, murió de un tiro en la cabeza. Se comprobaría que las únicas dos personas que murieron por disparos fueron Jones y Annie Moore; se desconoce si Jones se disparó a sí mismo o le disparó otra persona. Su hijo Stephan cree que eligió ser fusilado en lugar de ser envenenado. Moore, por su parte, dejó una nota de suicidio antes de dispararse dentro de la cabaña de Jones.

Los primeros informes afirmaron que unos cuatrocientos miembros del Templo habían sido asesinados y el resto había huido a la jungla. Este recuento de muertes se revisó durante la semana siguiente hasta que se alcanzó el total de más de novecientos muertos, doscientos de los cuales eran bebés, chicos y jóvenes.